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CIENEGUILLA: UNA BURBUJA DE CONTRASTES

En el valle de Lurín, a una hora y media de viaje al suroeste de Lima yace Cieneguilla, un lugar ideal para escapar de la monotonía de la ciudad y disfrutar de su historia, naturaleza y hospitalidad.

Lima, Perú / KRONOS365 / 26-02-2018.- Cieneguilla es un lugar privilegiado. Un espacio rodeado de cerros y poca vegetación; pero lleno de vida, historia y oxígeno, donde el sol brilla los 365 días del año. Sí, y no es solo una promesa comercial. Es –simplemente– la verdad. ¿Cómo lo sabemos? Pues asistimos al Fam Trip, organizado por la Asociación de Operadores en Turismo Receptivo e Interno (APOTUR).

Partimos de Lima muy temprano y luego de una hora y media de viaje, llegamos a Cieneguilla, que se abre paso entre la tierra y caballos de madera. Al llegar, una brisa fresca – seca y llena de oxígeno y no alta en humedad como la de Lima– acaricia y susurra en nuestros oídos; como una bienvenida cálida y solitaria al lugar más romántico del distrito, la plaza de armas. Y, así, iniciamos el recorrido.

LA MEMORIA DE LOS PIONEROS
La primero parada es la exposición del fotógrafo Edgar Benavides, en la municipalidad de Cieneguilla, que muestra toda la historia del distrito a través del rostro de sus pobladores. Por medio de la exhibición logramos descubrir un lugar en el que, al principio, no había energía eléctrica, agua potable, ni carreteras asfaltadas; un lugar donde unos pocos pioneros se asentaron sobre la historia pre inca e inca y la esperanza del futuro. Cada imagen de refleja la sencillez y arraigo cultural que poseen los pobladores de Cieneguilla así como la permanente presencia del sol en sus vidas.


Fotografía de Edgar Benavides.

A la salida; y, en pleno contraste con los retratos de la muestra fotográfica; nuestro guía –que lleva con orgullo un morral artesanal “Made in Cieneguilla” – tiene “pinta” de extranjero, escaza corpulencia y brazos y manos entusiastas para reunirnos y guiarnos, mientras nos invita a conocer la historia y riqueza del lugar en perfecto castellano, pero con un acento casi imperceptible que no logro reconocer.

EL PRIMER HABITANTE VIRREINAL
Nicolás de Ribera es el hombre que, en 1539, se convirtió en el primer dueño del territorio de los valles de Lurín y Mala, por mandato del Concejo de la Ciudad de los Reyes. Ya en el siglo XX, Cieneguilla era una gran hacienda agrícola donde se sembraba, principalmente, algodón.

KERO DE MADERA
En el Centro de visitantes y la zona arqueológica monumental nos informan que en Huaycán de Cieneguilla se abren paso hectáreas de evidencias arqueológicas, hechas a base de piedras y rocas. Es por ello que es considerada como Patrimonio Cultural Prehispánico de la región Lima por el Ministerio de Cultura.

Dentro de varios hallazgos realizados en la zona, se halló un kero de madera, que significó un descubrimiento importante debido a que estos vasos ceremoniales eran entregados por el mismo inca a los dirigentes andinos que administraban sus tierras. Además, junto al Quipukamyoc se encontraron restos de frijoles, valvas de spondylus y quipus.

CAMINO INCA
Después llega el momento de empolvarse los zapatos por un par de horas; desde Huaycan de Cieneguilla caminamos, por 30 minutos, hacia Santa Rosa de Chontay. Allí se abre paso el Qhapaq Ñan o Camino Inca. En el lugar, las artesanas de la localidad tejen cestos de gallinas coloridas y bolsos de carrizo mientras conversan y atienden a los visitantes. Entonces, la fatiga empieza a aparecer, avivada por el inclemente sol, que –debo decirlo– puede ser un problema para un limeño (o limeña como yo) que, aparte de esto, suele martirizarse al darse cuenta que no hay “señal” para el smartphone. Otra promesa local muy cierta: “la desconexión total”. 

Luego de comprender que todos los participantes del FamTrip carecemos de la posibilidad momentánea de “conectarnos”, recordamos que podemos concentrarnos al 100% en el tour. Y logramos descubrir que, Nicolás, nuestro guía turístico es un francés que se enamoró de una peruana y vive en Cieneguilla junto a su perro belga.

Entonces, llegamos a un pequeño oasis: la Cabaña de Tarii, hecha de piedra y carrizo que combina lo rústico y elegante de lo que puede ser un fin de semana purificador.

COMIDA Y RELAX
El estómago resuena y entonces nos dirigimos a uno de los centros recreativos  que se pueden visitar en Cieneguilla: Kankay, un centro recreacional con piscina, toboganes, spa, buffet y todo esto cubierto por un manto verde que es una recompensa a la extensa caminata previa. Luego, visitamos el resto bar Mesa de Piedra, espacio que  también ofrece la historia del lugar en un ambiente rustico con casas de campo y casas con piscina en alquiler y el Club 108, resort con ambiente fresco y relajante.

EL JARDÍN DE ALICIA
Seguir al conejo para encontrar el País de las maravillas de Alicia es muy fácil en el Café-Videro, donde –además– los artículos arcaicos de colección se convierten en un rinconcito de fantasía y color. Desde conejos de porcelana, tacitas decoradas con flores, espejos de madera. El lado vintage de Cieneguilla cobra vida en esta parada.

LA DESPEDIDA
La partida siempre tiene un sutil desencanto y tristeza. Sin embargo, es necesaria. Pero de regreso, aunque cansada, estoy satisfecha del Fam Trip; pues historia, cultura, tradición son lo que se esconde detrás de los cerros entre los que se encuentra Cieneguilla, una burbuja de contrastes y oxigeno que –como dice Nicolás está en Lima Metropolitana (recuérdelo, a una hora y media de viaje), y que: si se anima, podrá valorar y atesorarla como aquellos que se atrevieron a tener un “full day” o fin de semana diferente en Cieneguilla.

Vea las fotos del FAM TRIP A CIENEGUILLA aquí.

Foto: Kronos365




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