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ISLAS CAVINZAS Y PALOMINO: UN PARAÍSO CERCA DE LIMA

Son las 9:30 de la mañana y al llegar a la plaza Grau, de la Punta – Callao, es inevitable observar el monumento a Miguel Grau Seminario, detenerse frente a él y rendirle un breve homenaje personal, mientras la brisa marina y el sol de verano –aún tímido– adulan mi rostro, como un anticipo de lo que nos reserva el día. Luego, lo inmediato es buscar a nuestra amiga Isabel Iwaya, coordinadora de prensa de la travesía del día: un viaje a las islas Cavinzas y Palomino para conocer parte de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras de nuestro extenso litoral peruano, y nadar con los lobos de mar.

Como siempre, Isabel está atenta a nuestra llegada y e, inmediatamente, reconocemos junto a ella a un numeroso grupo de amigos y colegas periodistas de distintos medios que compartirá el viaje: Arturo Bullard - Trotamundos, Chef.Timour, Agencia EFE, China Xinhua News, Côte Basque Madame, WhitePress, Deutsche Presse-Agentur, New Zulu International Press, Univisión, FootPrint HandBooks, Gastronomia Perú, El Gran Viaje, diario El Peruano, Revista Rumbos, Vamos, Somos, Revista Tour Gourmet, Medio Pasaje, USIL TV, Conociendo Perú Portal Turístico, D'VIAJE, Recuerdos de Viaje y, claro, nosotros: Kronos365.

Espera. Antes de iniciar la travesía a las islas Cavinzas y Palomino, el catamarán Mikeira espera tranquillo mientras disfruta del sol, la llegada de los pasajeros.

Agrupados y en orden bajamos por las escaleras del puerto de la Punta, mientras el antiguo reloj observa apacible, y subimos a las lanchas que nos trasladan al catamarán Mikeira amplia nave que tiene capacidad para trasladar a 90 personas. Luego de abordar el catamarán, subimos al segundo piso y después de una breve charla de seguridad marítima, que culminó con la colocación y uso del chaleco salvavidas respectivo, partimos.

Son las 10: 30, el sol se decide y, apenas iniciado el viaje, ilumina con fulgor el mar chalaco creando, en el mismo, un constante tintineo de brillo y reflejos que se mezclan con un mix de azules en los miles de espejos que cada movimiento del mar crea. La brisa hace lo suyo y el Catamarán Mikeira cruza las aguas oceánicas en búsqueda de la zona ecológica a la que nos dirigimos.

En faena. Al salir del puerto de La Punta, pasamos cerca de las lanchas de los pescadores, que lanzan sus redes y anzuelos en el litoral chalaco.

Por supuesto, primero pasamos sobre El Camotal: “En este momento, estamos encima de El Camotal, la ciudad sumergida”, explica Jorge, nuestro guía. “Según se cuenta –continúa– el cataclismo del 28 de octubre de 1746 la destruyó”.

Dejamos El Camotal detrás de las líneas de espuma que marcan las hélices del catamarán y nos acercamos a San Lorenzo, la isla más grande del país, que tiene una extensión de ocho kilómetros de largo por dos de ancho y está bajo el dominio de la Marina de Guerra del Perú. “Allí entrenan los comandos de elite de nuestra armada –explica el guía– y ahora estamos divisando la playa Casino, playa exclusiva del presidente de la República”. Pues sí, ahora lo sabe, cada mandatario de turno es “dueño transitorio” y privilegiado de una casa de playa para relajarse junto a su familia.

Playa Casino. La residencia de verano, ubicada en la isla San Lorenzo, sirve de escape y espacio de entretenimiento al mandatario de turno.

La nave avanza y junto al leve ruido del motor y algunas bandadas de zarcillos y guanays, el sonido de los obturadores de las cámaras fotográficas es la constante. Algunos minutos después se divisa la isla El Frontón, la tristemente célebre cárcel que otrora albergó a los delincuentes más peligrosos del país y funcionó hasta 1986; y que, ahora, solo parece un fantasma olvidado que relame sus heridas y recuerdos con las olas del mar.

En el olvido. El fronton, antigua carcel del país, luce desierto y fantasmal.

“Ahora vamos a sentir una corriente marina”, explica el guía y, efectivamente, la relativa tranquilidad del vaivén del viaje –al que ya nos habíamos acostumbrado– se ve interrumpida por un movimiento ondeante más pronunciado que sube y baja al Mikeira y más de uno, luego de tambalear, atina a agarrarse de alguna baranda o decide sentarse.

Unos minutos después, llegamos al primer punto: la isla Cavinzas, una isla relativamente pequeña donde primero se aprecia un pequeño muelle con un inmueble de color azul, por donde se antes se embarcaba el guano. Luego, del puerto a la cumbre de la isla, se puede apreciar con claridad las pircas o paredes construidas para acumular el guano en la época de la bonanza de este fertilizante. El catamarán avanza e, inmediatamente, llama nuestra atención una pequeña lancha de pesca que lucha por mantenerse cerca de las peñas en la zona declarada intangible. “mis respetos a esos pescadores“, murmura un colega. Mientras tanto, una de las agentes de Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado, que nos acompaña en el viaje, usa su cámara y filma a la unidad para iniciar luego las acciones legales correspondientes.

Pesca ilícita. La tripulación de esta lancha realiza maniobras audaces frente a las peñas de las islas para pescar, ilegalmente, en un área protegida.

Al continuar el recorrido, los sonidos ya habituales del mar y las aves marinas ceden poco a poco ante el aullido de los lobos de mar de la isla Palomino. Señal de alerta. “Ahora todos escuchen por favor; vamos a darle una charla, en especial a quienes van a ingresar al mar –explica nuestro guía–; deben saber que está prohibido imitar el aullido de los lobos. Y tampoco deben intentar acercarse a ellos y si ellos se cercan no hagan movimientos bruscos que los puedan asustar y generar una mala reacción. Ingresaremos en orden al mar y nos mantendremos como un grupo cerrado, estaremos en el agua entre 10 y 15 minutos y luego saldremos”.

Protegidos. La Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras permite que la vida natural marina de las islas Palomino, cuya población de lobos llega a los 6 mil ejemplares, pueda sostenerse y convertirse en un eje generador de turismo.

La emoción cunde en los periodistas, todos bajan al primer piso y acuden en fila a babor. El Mikeira se detiene uno a uno y en fila los pasajeros se lanza al mar y, efectivamente, como grupo cerrado y en orden se acercan a nado a la isla. La respuesta de los lobos es inmediata y, en grupos, los animales curiosos se acercan y aunque –inicialmente– pueden inspirar cierto temor, su naturaleza amigable fluye y al no sentir alguna amenaza solo nadan y juguetean alrededor del grupo.

Pal´ face. Nuestra reportera, Marta Cruzado, sonríe para la instantánea y comparte; junto a los colegas periodistas, la experiencia de nadar cerca de las islas y los lobos de mar.

Lo que sigue, hoy en día es inevitable, fotos, fotos, más fotos y videos registran el momento, las risas, sonrisas y la adrenalina fluye entre todos los que están en el agua. El tiempo transcurre y solo se escucha el constante aullido de los lobos en la isla, pero de pronto, los aullidos parecen desaparecer y cada quien se adentra en sus pensamientos, en su mundo interior, mientras disfruta de la experiencia de nadar a mar abierto, cerca de una isla y a seis millas (un poco más de 9.5 km) de la playa. “Ya es hora de volver al catamarán” anuncia el guía y, efectivamente; ya es tiempo, pues se empieza a sentir un poco de frio. Y así se hace, todos retornan al Mikeira.

"Relax". Los lobos marinos reposan, mientras toman el sol, junto a los guanays.

“A la actualidad, existen más de 6,000 lobos marinos –explica Jorge– y algunos machos llegan a pesar hasta 300 kilos. Son los más grandes que se logran distinguir en las rocas y gritan para llamar a su manada”. Entonces, mientras el guía continúa con su explicación, la nave da un giro que marca el regreso por el otro lado de las islas Palomino.

Aparecen entonces, junto al acantilado a los otros habitantes de la isla: “Ahí están los pingüinos de Humboldt –refiere el guía–, como ven, están sobre las rocas, arriba del lugar que ocupan los lobos, para protegerse”. Y es que los pingüinos son parte de su dieta.

Siempre formales. Los pingüinos de Humbolt se ubican en las rocas altas para evitar convertirse en la merienda de los lobos de mar.

Luego vemos, agazapados en las peñas y rocas, a grupos grandes y pequeños de zarcillos y guanays, quienes junto a los pelicanos disfrutan del área protegida y segura en la que viven “a sus anchas”.

Son las 2:30 de la tarde, el capitán del catamarán anuncia el retorno y todos a bordo se relajan, los hombres y mujeres de prensa dejan a un lado las cámaras fotográficas y de video, los micrófonos y los trípodes para observar el mar y las islas, las aves y los lobos; sin la intensión de registro, observación periodística o intermediación informativa. Un apacible silencio se apodera del Mikeira y todos –incluyéndome– nos maravillamos de la belleza del lugar y de la experiencia de estar en un espacio que perece muy lejano de Lima, y que sin embargo solo está a 30 minutos de la tumultuosa, vociferante y estresada ciudad y sus ciudadanos que tal vez olvidaron que ahí… cerquita nomás… hay un lugar donde se puede nadar junto a los lobos marinos y disfrutar de nuestro mar.

La "postal del recuerdo". Posan para nuestro lente todos los colegas, amigos y compañeros del press tour a las islas Cavinzas y Palomino.

 

Vea más fotos del tour a las ISLAS CAVINZAS Y PALOMINO aquí.

 

13-02-2017 / Texto: Elvis Florentini / Fotos: Kronos365 / eflorentini@kronos365 – prensa@kronos365.com – eflorentini@hotmail.com




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