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EN DEFENSA DEL ARBITRAJE Y DEL SENTIDO COMÚN

José Domingo Rivarola Reisz
Abogado

Lima, Perú / KRONOS365 / 28-06-2018.-  Recientemente ha venido circulando en las redes información sesgada sobre el caso arbitral Repsol vs. Aeromaster. Este caso se ha vuelto notorio por la arbitrariedad cometida por dos árbitros que ha colaborado con el injusto desprestigio que viene afectando al arbitraje en el Perú. La arbitrariedad consiste en haber condenado a Repsol sin pruebas, violando principios contables y agrediendo el más elemental sentido común. Para ser justos, el fallo es una decisión dividida porque de tres árbitros, hay un árbitro honesto y sensato que optó por respetar las pruebas y el sentido común. La beneficiada con el arbitrario fallo es Aeromaster, una empresa dedicada a operar helicópteros que previamente son arrendados a una empresa extranjera (HTS).

El fallo obliga a Repsol a pagarle a Aeromaster una suma millonaria no sustentada en calidad de indemnización por pérdidas. Aeromaster le reclamó una indemnización a Repsol por la cancelación (resolución) anticipada que ejecutó Repsol del contrato de servicios firmado entre ambas empresas. Se trataba de servicios de traslado de personas y equipos vía helicópteros. Repsol canceló el contrato porque detectó fallas críticas en las operaciones de Aeromaster que comprometían la seguridad en vuelo. Estas fallas fueron detectadas por un auditor independiente de rango internacional (Hart Aviation).

La teoría de los dos árbitros es contraria al sentido común. Sostienen que el dictamen de auditoría internacional no vale. Y como no vale, el contrato fue mal cancelado. Se justifica el fallo argumentando que los auditores extranjeros que viajaron al Perú para verificar in situ la seguridad de los helicópteros, ingresaron al Perú sin visa. ¿Hay alguna relación entre la falta de visa y la veracidad de la información recopilada? ¿Cómo la falta de visa puede afectar la certeza que adquirieron los auditores, en su visita al Perú, sobre la real inseguridad de la operación de Aeromaster?

Los colegas australianos que revisaron desde su escritorio la coherencia de la información de campo que les fue compartida por los auditores viajeros, coincidieron también en los hallazgos. La operación de Aeromaster era insegura y ponía en riesgo a las personas. Los árbitros argumentan que como estuvo mal cancelado el contrato de operación porque la auditoría no tendría valor (utilizan para ello la indigna excusa de la falta de visa), Aeromaster debe recibir como indemnización nada menos que el total de la renta que Aeromaster le tendría que pagar a la empresa extranjera que le arrienda los helicópteros.

 

Dos problemas graves aquí: primero, durante la fase de pruebas del arbitraje quedó demostrado que la renta no se tenía que pagar porque los contratos de arrendamiento tenían un pacto de escape que le permite a Aeromaster cancelarlos anticipadamente y dejar de pagar. Segundo, que en la contabilidad de Aeromaster no estaba asentado el gasto por el arrendamiento, es decir, no se tenía que pagar y no se pagó (los videos de las audiencias lo demuestran). Incluso, el abogado de Aeromaster reconoció en una audiencia que los señores de Aeromaster "maquillaron" sus estados financieros, con lo cual quedaron desnudadas las "cuentas del gran capitán" que hizo Aeromaster para construir un reclamo falso. Y todo tiene lógica cuando se hacen las sumas y restas: los ingresos que Aeromaster declaró que iba a tener de Repsol por el contrato (ingresos que Repsol no desmiente porque están previstos en el contrato) son menores al gasto que los árbitros afirman y aseguran que Aeromaster tiene que realizar. Me refiero al pago de la renta por el arrendamiento de los helicópteros. Me pregunto: ¿es de sentido común que alguien entre en un contrato para gastar más de lo que gana? La respuesta es clara: o esa empresa es beneficencia o simplemente el gasto no es real.

Este estropicio legal protagonizado por dos árbitros que no actuaron de acuerdo con las pruebas que se les pusieron delante, debe ser corregido para restaurar la confianza empresarial y ciudadana en el sistema arbitral y judicial. Para eso están los jueces de la Sala Comercial de Lima, que revisan los laudos en vía de anulación.

Noten señores lectores que me he cuidado de no mencionar los nombres de los árbitros, en respeto de su intimidad. Por el contrario, Aeromaster ha permitido que se difunda el texto del laudo arbitral y las actuaciones del arbitraje, violando el deber de confidencialidad propio de los arbitrajes. Pero divulgar solo parte de la información, como él lo ha hecho, sesga indebidamente a los jueces de la Sala Comercial. 

Aeromaster incluso ha permitido que se viole el derecho a la imagen e intimidad profesional de varios de los profesionales que hemos estado involucrados en el caso. Varios videos de las audiencias ante el Tribunal Arbitral han sido divulgados vía Youtube. Esta difusión mediática me motiva a expresar públicamente mi rechazo a la conducta de Aeromaster y a la de sus representantes y abogados. Esta difusión mediática, que se viene coinvirtiendo en un linchamiento ejecutado con las armas de la desinformación y el sesgo, me motiva a informar a la comunidad de abogados y jueces cuál es la verdad detrás del laudo Aeromaster – Repsol. Espero que los árbitros recapaciten algún día y piensen en lo que han hecho.

Foto: internet




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